En lo más profundo de Madre de Dios, Arbio Perú protege el hábitat de uno de los seres más majestuosos de la Amazonía: el jaguar (Panthera onca). A través de la conservación directa del bosque, se mantiene viva la conexión entre especies, árboles centenarios y ecosistemas enteros que dependen unos de otros. En cada árbol que se conserva, late la vida del bosque… y también la del jaguar.
Huellas del jaguar en el bosque de Arbio
El jaguar es el felino más grande del continente americano, pudiendo alcanzar hasta 120 kilos de peso. Es un cazador solitario que combina fuerza y sigilo con una mordida tan poderosa que puede atravesar caparazones de tortugas o cráneos de caimanes. Prefiere ambientes húmedos, cercanos a ríos y lagunas, donde demuestra una habilidad sorprendente para nadar y moverse entre la espesura.
El jaguar: el guardián del bosque amazónico
Pero su imponencia no solo reside en su fuerza. Este gran depredador cumple un papel clave en el equilibrio del ecosistema: regula las poblaciones de herbívoros y mantiene bajo control la presión sobre los recursos del bosque. Allí donde el jaguar vive, la naturaleza está en balance. Por eso, su presencia es considerada un indicador de un bosque saludable; sin alimento, sin corredores biológicos y sin agua limpia, el jaguar simplemente no podría existir.

Foto: Michael Tweddle
En la concesión que protegemos en Madre de Dios, esta verdad se confirma con cada registro. Gracias a nuestras cámaras trampa, hemos documentado no solo la presencia constante de jaguares, sino algo aún más esperanzador: en el mes de agosto captamos en video a una hembra preñada. Este hallazgo no es solo una imagen poderosa; es evidencia viva de que el bosque sigue funcionando, respirando y regenerándose. Cada nueva cría representa un futuro posible para la especie y para todo el ecosistema que depende de ella.
Este 29 de noviembre, celebramos el Día Internacional del Jaguar — un buen momento para recordar por qué proteger al jaguar es proteger el bosque que todos compartimos.